La agencia Areté busca el significado de la marca en los ámbitos sociales, estéticos y empresariales. Las tendencias publicitarias que siguen los cánones de la marca, la creciente personalidad de las mismas y su mayor poder e influencia en la sociedad de masas. La marca entendida como un fenómeno a estudiar.

domingo, 13 de abril de 2008

Marquismo


Al hablar de marcas se hace necesario introducir un nuevo término a nuestro vocabulario, el marquismo. A pesar de que es un concepto que todavía no ha sido aceptado por la Real Academia Española, no cabe duda de que define un concepto para el cual es necesario encontrar una palabra que lo abarque y le de nombre. Tomaremos por lo tanto "marquismo" como el término referido al creciente fenómeno de las marcas y a la creciente importancia de las mismas.

Tratando de encontrar en Internet una definición exacta del mismo encontramos entradas como ésta:

"Marquismo: Más allá de la buena calidad del producto, nos puede seducir el 'logo' de la marca. ¿Por qué? ¿Nos da un prestigio que no tenemos por nosotros mismos?
Adolescentes y adultos, todos quedamos encantadoramente atrapados: «Voy de marca, ergo sum».
¿Y las modas? ¿Más convenciones que nos atan?"

Según una encuesta realizada en 2006 a 298 jóvenes madrileños de 12 a 26 años para tratar de obtener información sobre los hábitos de consumo de los españoles, se descubre que al hablar de las causas que impulsan a la compra de un producto, el 21,8% de los encuestados afirman dejarse llevar por la marca del mismo sin contemplar la calidad u otros aspectos que podrían influir en la decisión de compra.

¿Qué es lo que impulsa al comprador a elegir el producto "firmado" en lugar del que se encuentra justo a su lado en la estantería? ¿ Por qué el consumidor escoge en numerosas ocasiones el producto de marca sin plantearse calidad ni procedencia ? Al fin y al cabo, ¿qué es un producto de marca? ¿Qué lo diferencia del resto? Siguiendo con la idea encontrada al buscar la definición de marquismo, retomaremos el concepto de convención.

Nos encontramos en un periodo de consumismo en el que las marcas convierten en producto estrella a todos aquellos bienes que tengan la suerte de lucir un determinado logotipo, por no hablar del prestigio que confiere dicho logo a las personas que compran el producto que lo ostenta. Como si de una convención social se tartara esto deriva no sólo en una lucha desenfrenada por ser el que más marcas lleva y mejor las luce, sino también en un grave fenómeno de discriminación que rechaza a todos aquellos que por disversas razones no pueden (o no quieren) entrar en la "competición marquista".

No es raro escuchar historias en las que un niño pide determinadas zapatillas a su madre (siempre de marca) porque en el colegio todo el mundo las lleva (sin mencionar por supuesto el rechazo que este niño puede llegar a sufrir si sus zapatillas no son como las de sus compañeros). Los gustos se unifican, la moda los moldea y sin embargo la gente trata de defender más el concepto de personalidad propia. Por suerte aún quedan marcas que buscan distinguir a sus clientes más fieles con ediciones limitadas al alcance de sólo unos pocos. Ediciones en las que por supuesto no faltará el famoso logotipo que recuerde que, a pesar de ser uno de los pocos provilegiados capaces de comprar determinado bolso o cierto móvil, no deja de pertenecer al fenómeno de masas más contemporáneo, al marquismo. ¡Vaya, eso sí que es ser diferente!